Tengo el enorme privilegio de viajar.
Viajar te permite conocer culturas, otras realidades sociales y cómo estás se reflejan en el espacio público que las representa.
Soy una convencida de que el espacio público es el reflejo de nuestra sociedad. Disfruto una caminata por una ciudad llena de cultura… caminar pensando que personas que admiro han caminado los mismos pasos, las mismas calles. La conciencia de las realidades paralelas divididas por el tiempo es una droga de la cual no quiero dejar la adicción.
Mi mente hoy está en la ciudad de Pablo Neruda, de Salvador Allende, y de amigos que admiro como Francisco Sabatini, de Iván Jacques, Sebastián Varela… al menos los 3 últimos que me han dejado grandes enseñanzas, que son herencia cultural de los primeros dos y de tantos otros. Camino sus calles y me asombra el respeto a la montaña, la creación de pequeños oasis urbanos llenos de espacio público, de identidad y de lucha social.
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