Cómo la capital mexicana está redefiniendo el futuro de las ciudades latinoamericanas a través de la acción pragmática y la flexibilidad
La Ciudad de México es un caleidoscopio de contrastes: innovación y reconstrucción, caos y orden, barrios tradicionales y una metrópoli en constante evolución. Es una ciudad que lo tiene todo: todos los problemas y, al mismo tiempo, todas las soluciones. Desde la peatonalización de la calle Regina hasta la expansión de las Utopías, la capital ha experimentado una transformación sin precedentes en las últimas dos décadas. Pero, ¿cómo ha logrado avanzar en medio de la complejidad y la urgencia?
Acción antes que planeación: El pragmatismo como motor de cambio
Colegas de Brasil y Colombia suelen comentar que en México primero se actúa y luego se planea. Mi hipótesis es que los gobiernos han priorizado la urgencia de mostrar resultados tangibles para convencer a la ciudadanía de que los cambios radicales son posibles, incluso cuando no se ajustan a un plan perfecto. Esto no significa que la planeación no sea importante, sino que la innovación urbana a veces requiere flexibilidad y pragmatismo.
Tomemos como ejemplo el Metrobús. El plan original no comenzaba por la Línea de Insurgentes, pero se decidió iniciar ahí para demostrar el cambio en una vía emblemática. Este enfoque permitió ganar apoyo político y ciudadano, asegurando la sostenibilidad del proyecto a largo plazo. Lo mismo ocurrió con la ciclovía en Insurgentes: durante años, los expertos descartaron su viabilidad, pero la pandemia aceleró su implementación bajo un modelo de «intervención temporal-piloto-infraestructura permanente». Hoy, es un éxito.
Ejemplos de éxito: Cuando la urgencia impulsa la innovación
Proyectos como la peatonalización del Zócalo, la transformación de la Glorieta de Etiopía, el Cablebús, el Trolebús elevado y el modelo de vivienda social post-terremoto de 2017 demuestran que la velocidad de implementación puede superar la capacidad de planeación tradicional. La ciudad ha cambiado gracias a una visión que prioriza la acción sobre el perfeccionismo, mostrando que la innovación no siempre puede ser «domada» por un plan.
Sin embargo, esto plantea una pregunta crucial: ¿cómo planeamos una ciudad cuya innovación desafía los instrumentos de planeación tradicionales?
El dilema de la planeación: ¿Flexibilidad o rigidez?
Muchos estados y municipios en México cuentan con planes urbanos impecables en el papel, pero desconectados de la realidad. La planeación no puede ser un fin en sí misma; debe ser un puente entre la visión técnica y las oportunidades políticas que surgen en el camino.
Es fácil criticar a los gobiernos por desviarse de los planes, pero ¿qué pasa cuando estas desviaciones generan cambios positivos? ¿El fin justifica los medios? Como planificadores, debemos reconocer que la viabilidad política es difícil de predecir y que, a veces, la flexibilidad es necesaria para lograr avances significativos. La clave está en encontrar un equilibrio entre la rigidez de los planes y la adaptabilidad que exige la realidad.
Entonces, ¿cuál es el papel de los instrumentos de planeación en este contexto? No pueden intentar controlar la ciudad ni dictar el rumbo de la voluntad política, pero sí pueden construir escenarios que minimicen los errores en la toma de decisiones. Nos equivocamos cuando excluimos voces o cuando nos encerramos en una burbuja técnica, creyendo que tenemos todas las respuestas. La planeación debe ser un canal de comunicación, no un dogma.
La Ciudad de México es la única entidad que ha fracasado públicamente en aprobar su Plan de Desarrollo Urbano durante tres sexenios. Sin embargo, la ciudad sigue transformándose, y no lo está haciendo mal. Esto nos obliga a repensar la planeación tradicional y a buscar nuevas formas de acompañar la innovación urbana.
Cinco escenarios para una planeación innovadora
Propongo cinco escenarios para que los instrumentos de planeación en la Ciudad de México logren este objetivo:
- Planear el futuro sin descuidar el presente: La ciudad ya está innovando. La planeación debe mostrar cómo estas transformaciones dialogan entre sí para construir un proyecto integral de ciudad. Además, debe institucionalizar las prácticas exitosas y proponer mejoras para una implementación más efectiva.
- Materializar la «Ciudad de los Cuidados»: La Ciudad de México ha sido pionera en implementar este concepto antes de que se entendiera a nivel nacional. La planeación debe transversalizar los cuidados como eje estructurador de políticas urbanas, reinventando las normas y procesos para incluir esta perspectiva.
- Fortalecer la coordinación y optimización de recursos: Los proyectos deben trascender las administraciones y garantizar una visión integral. Esto requiere una gobernanza más abierta, transparente y eficaz, donde la planeación sea un medio, no un fin.
- Expandir la transformación hacia las fronteras metropolitanas: La coordinación metropolitana es clave para temas como el transporte masivo, la vivienda, los servicios y la conservación de la biodiversidad. Los instrumentos de planeación deben facilitar la concurrencia de recursos y la toma de decisiones equilibrada.
- Aprender de la experiencia local: El Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva de la Ciudad de México podría revisar la experiencia de otros institutos en el país. Después de 25 años, es momento de que la capital aprenda de los municipios y adopte prácticas innovadoras.
Conclusión: Repensar la planeación para una ciudad en constante evolución
La Ciudad de México nos exige pensar fuera de la caja. Su fortaleza radica en su capacidad para innovar sin seguir al pie de la letra los manuales de planeación tradicionales. El reto está en construir instrumentos que acompañen esta innovación, sin intentar controlarla. Quizá esa sea la verdadera revolución urbana que la capital puede ofrecer a México y Latinoamérica.
La Ciudad de México ya está innovando, pero necesita instrumentos que no solo respalden estas transformaciones, sino que también las integren en una visión de largo plazo. Esto implica salir de las cuatro paredes de lo que dicta el «deber ser» académico y abrirse a nuevas formas de pensar y actuar. La planeación no debe ser un corsé, sino un puente que permita a la ciudad avanzar con flexibilidad y pragmatismo.
En este sentido, el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva (IPDP) tiene la oportunidad de reinventar la planeación urbana, aprendiendo de la experiencia de Institutos Municipales de Planeación (IMPLANES) en todo el país. Estos llevan más de 25 años de experiencia en creación, transformación y adaptación de instrumentos de planeación, y su conocimiento podría ser invaluable para la capital.
Quizá por primera vez, la capital podría aprender de los municipios, adoptando prácticas que han demostrado ser exitosas en contextos diversos. Esta conversación no solo enriquecería la planeación urbana de la Ciudad de México, sino que también la consolidaría como un referente de innovación y adaptabilidad en América Latina.
La verdadera revolución urbana no está en controlar la innovación, sino en acompañarla con herramientas que permitan a la ciudad crecer de manera sostenible, inclusiva y audaz. La Ciudad de México tiene la oportunidad de liderar este cambio, mostrando que el futuro de las ciudades está en la capacidad de adaptarse y aprender, sin miedo a romper las reglas.
