IPCo cumple 20 años — 3.ª y última parte

Esta historia comenzó en 2006 con una nota en el periódico que anunciaba la intención de construir un Instituto de Planeación. He narrado los primeros años: el tapanco sin ventajas, los meses de trabajo sin pago y la tenacidad del Ing. Ríos Aguilar para sostener un barco que muchos daban por hundido antes de zarpar. Hoy, en esta tercera y última parte, cierro el ciclo. Veinte años después, el barco llega a puerto. Y como todo puerto, es también un punto de partida.

Inicios IPCO

Veinte años han pasado desde aquella llamada que preguntaba: «Gisela, vamos a asignar los puestos del IPCo, ¿cuál quieres?». Era el 13 de octubre de 2006. El teléfono sonó mientras tomaba café en la carretera a Suchitlán, contemplando un plantío de zarzamoras. Del otro lado de la línea, el ingeniero Ríos estaba en la reunión express de Cabildo que asignaría al primer equipo directivo del Instituto de Planeación.

Hace unos días recibí un mensaje completamente opuesto al de aquella llamada: «Gis, quiero informarte que dejo el IPCo definitivamente». Era Lupita, que con su salida cerraba un ciclo de veinte años de trabajo y lucha por la ciudad y, sobre todo, por la institución que tanto nos costó construir y hacer crecer, pero también ver cómo perdía su esencia y se convertía en algo… diferente.

El IPCo fue un semillero de talentos. También fue una familia de profesionistas que compartíamos valores, ética de trabajo, profesionalismo y una búsqueda constante de la excelencia desde la honestidad. No solo se formaron funcionarios y funcionarias que hoy ocupan puestos relevantes y toman decisiones que cambian la vida cotidiana de las personas. Ese IPCo inspiraba a quien se acercaba, fuera por una pasantía, hiciera una tesis con nosotros o incluso se mudara a Colima solo para experimentar y ser parte de lo que estábamos construyendo como institución.

Al ingeniero Ríos y a mí nos tocó además fundar la Secretaría de Movilidad del Estado de Colima. Y, por supuesto, el personal que se conformó para transformar la forma en que debía tratarse la movilidad en el estado venía del IPCo. Con ese imán que caracterizaba al equipo, se sumaron más personas que lograron proyectos nuevos y cambios de paradigma en la movilidad.

Habíamos dejado buenos cimientos. El IPCo también tuvo sus cambios generacionales que, bajo el liderazgo del ing. Ríos Aguilar, lograban mantenerse en la ruta, conservando a la institución como una referencia técnica y objetiva, y fortaleciendo a los equipos de desarrollo urbano y obra pública para mantener la visión de construcción colectiva con la ciudadanía. La cercanía que generaba el IPCo con los procesos de participación ciudadana fue una característica constante de nuestra posición en el gobierno municipal.

Nueva sede

La mayor producción de instrumentos de planeación se realizó durante esos años. Dimos certeza a las comunidades rurales que comenzaban a crecer dejando atrás los ejidos. Fortalecimos la resiliencia con proyectos para el rescate de los ríos. Los parques se rescataban siempre con procesos de diseño participativo. Se apoyó en los planes de prevención del delito en las zonas más abandonadas de la ciudad.

Del IPCo salió la gestión para lo que hoy es la Fábrica de Innovación Tívoli. El IPCo trajo los primeros fondos metropolitanos. Se hicieron las primeras ciclovías. Se inició el diálogo con transportistas para ver el transporte desde el diseño del servicio y no desde el intercambio de favores políticos. El mismo equipo, ya como parte de la nueva secretaría, transformamos la forma en que se otorgaban las concesiones de transporte. Hicimos el primer proceso abierto, transparente y, sobre todo, justo para los trabajadores del volante. Transformamos lo que antes era una Dirección de Transporte con una sombra de corrupción en una institución con capacidad técnica para cambiar las cosas.

El sol no se mantiene para siempre en el cenit. El atardecer también llegó al IPCo. Como en muchos otros institutos, esa solidez dejó de sostenerse y comenzó a fragmentarse. Con la salida del Ingeniero Ríos Aguilar, el IPCo se sostenía por sus resultados construidos a lo largo de los años, pero se hizo fácil ir cambiando la ética de trabajo al interior para adquirir un tipo de poder que corrompe los pasos.

Ese nuevo espíritu del IPCo comenzó a pelear por un poder para el cual no estaba diseñado: la cercanía a la obra pública, el manejo del dinero municipal discrecional y el posicionamiento como elemento cercano al poder. Dejó de ser la conciencia crítica del municipio —el Pepito Grillo— para convertirse en Pinocho, jurando que su falsedad pasaría desapercibida.

Quienes veían y se acercaban al IPCo por su capacidad de inspirar se fueron alejando. Las instituciones ciudadanas que lo mantenían neutral comenzaron a resignarse ante ese tipo de poder que no se denuncia, porque somete y coloca la innovación en un letargo.

Lupita mantuvo la memoria institucional por veinte años, manteniendo el barco a flote en la tormenta. Pero ella, como todos los demás, tuvo que soltar para crecer. Su salida materializó un duelo que nos negábamos a reconocer. Es incluso romántico que este ciclo se cierre justo en uno de sus aniversarios de creación, al cumplirse veinte años.

Siento nostalgia, pero a la vez un inmenso agradecimiento. Las enseñanzas, las y los amigos y colegas que compartimos la pasión por las ciudades, el compañerismo, la exigencia de ser mejores, el saber que, a pesar de haber pasado por puestos de poder, la ética de trabajo sigue intacta, y que al final, en medio del cambio, seguimos trabajando con esta pasión que nos unió en el camino… eso no se cambia. Eso se agradece.

¿Y dónde estamos los ex IPCo? Estamos bien, y no lo digo por decir. Seguimos haciendo lo que nos gusta. Desde hace unos seis años nos congregamos aquí y allá en nuevos proyectos, ahora con Ensamble Urbano. La calidad profesional que nos ha reunido es de las más altas de todo el país.

Premios de la 1ra. Bienal de Urbanismo, México

Hemos trabajado para muchos estados e incluso otros países. Ampliamos la oferta de proyectos que hacemos. El Gobierno de México ha reconocido nuestra capacidad y hemos ganado premios de la Bienal de Urbanismo. Para Colima, este equipo es el que sigue haciendo la planeación: los primeros Programas Municipales de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano desde la época de Griselda Álvarez y, justo ayer, el inicio de la Consulta Pública para el Programa Estatal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano para Colima. Ahí están nuestra experiencia, nuestro conocimiento y, sobre todo, nuestro amor por esta tierra.

Gracias, IPCo, por haber sido nuestra casa. Gracias a quienes la habitaron por mantener encendida la llama de lo que alguna vez soñamos. Gracias a todas las personas que participaron en su creación, defensa y crecimiento. Mantengo viva la imagen del ingeniero Ríos, que sostuvo el timón con una camisa blanca y una libreta, hasta Lupita que mantuvo la memoria veinte años. Y a todas y todos los que pasaron por el IPCo y dejaron algo de sí en sus paredes. Nuestro agradecimiento es eterno.

El barco cambió de puerto, pero la tripulación sigue navegando. Nosotros seguimos aquí, en Ensamble Urbano, haciendo lo que aprendimos: planear con la ciudadanía, diseñar con evidencia, construir con amor por esta tierra.

El IPCo fue nuestro punto de partida. Colima sigue siendo nuestro destino.

Gracias IPCo.

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